Narciso y Eco: el descubrimiento fatal del Ser

El mito de Narciso es uno de los más famosos y emblemáticos del mundo antiguo, que ha tenido una amplia difusión en la modernidad, desde la literatura a la pintura, hasta penetrar en el mundo de la psiquiatría para interpretar algunos trastornos de la personalidad.

La tarea del mito es explicar cada fenómeno de la vida sobre la base de parámetros lógicos, de modo que el individuo, a través de la interpretación de sus símbolos, sea capaz de encontrar su propio lugar en el mundo. La historia de Narciso asume plenamente este propósito: su destino es alcanzar la autoconciencia, un reflejo en el que se ahoga desastrosamente.

El mito de Narciso: una interpretación moderna

Según la tradición, era el hijo del dios del río Cefisio y de la ninfa Liriope, quien, rodeado en un recodo de agua, fue violado por el dios y quedó embarazada. En el libro III de las Metamorfosis de Ovidio leemos que Liriope fue al adivino Tiresias para conocer el destino de su hijo:

CUANDO SE LE PREGUNTÓ SI EL NIÑO VERÍA
EN LOS LEJANOS DÍAS DE UNA VEJEZ TARDÍA, EL ADIVINO HABÍA RESPONDIDO
RESPONDIÓ: «SI NO SE CONOCE A SÍ MISMO».
EN DEFINITIVA, LA PREDICCIÓN PARECÍA NO TENER SENTIDO, PERO ENTONCES EL RESULTADO DE LAS COSAS, EL
DE LAS COSAS, EL TIPO DE MUERTE Y LA EXTRAÑA LOCURA LO CONFIRMARON.

El destino parecía haber decidido el destino del hermoso niño. A la edad de dieciséis años, ya era objeto de deseo de muchas mujeres y hombres, pero su oscuro orgullo le impedía amar y ser amado a su vez. En este punto la historia se entrelaza con el destino de otra figura simbólica de la mitología: mientras Narciso cazaba ciervos en el bosque, fue observado por la ninfa cantante Eco, castigada por la diosa Hera por repetir las últimas palabras que le fueron dirigidas, por ayudar a Zeus a ocultar sus intrigas amorosas.

La ninfa se enamoró de Narciso «como el azufre que, untado en la parte superior de una antorcha, en un momento estalla en llamas si se le acerca». La tierna belleza de Narciso fue para Eco el principio de su decadencia: rechazada, la ninfa se retiró al bosque cubriéndose el rostro con hojas por vergüenza y desde entonces vivió en cuevas remotas, consumida por el dolor hasta que su voz se convirtió en aire y sus huesos en piedra.

Así que Narciso se burló de Eco y de muchas otras ninfas, pero el Amor ya no le dio tal poder y envió a Némesis a vengarse: lo destinó a enamorarse sin poder poseer el objeto de su amor. Ovidio escribe que Narciso, agotado por el cansancio y la caza, se alivió en un manantial y, al ver reflejada una imagen de extraordinaria perfección, se enamoró de ella:

DESEA, IGNORÁNDOLO, A SÍ MISMO, AMANTE Y OBJETO AMADO,
…COMO SE CODICIA, SE CODICIA A SÍ MISMO, Y SE ENCIENDE Y SE QUEMA…
¡CUÁNTAS VECES LANZA BESOS INÚTILES A LA FICCIÓN DE LA FUENTE!
¿CON QUÉ FRECUENCIA SUMERGE SUS BRAZOS EN EL AGUA PARA LANZARLOS
ALREDEDOR DEL CUELLO QUE VE Y QUE EN EL AGUA NO AGARRA!
…IGNORA LO QUE VE, PERO LO QUE VE LO INFLAMA…
Y LA MISMA ILUSIÓN QUE LO ENGAÑA EXCITA SUS OJOS.

El reflejo es la imagen fugaz de sí mismo, que Narciso se ve obligado a amar ardientemente, hasta el amargo autodescubrimiento en el epílogo de la historia, que termina con el cumplimiento de la triste profecía. Trata de agarrar un fantasma, un reflejo que no es él mismo, consumiéndose en el inconsolable deseo de la pasión.

El telón cae sobre la trágica historia de Narciso y el único espectador de su locura es Eco:

SUS ÚLTIMAS PALABRAS, MIENTRAS MIRABA EL AGUA UNA VEZ MÁS..,
ERAN: «AY, QUERIDO HIJO EN VANO», Y LAS MISMAS PALABRAS
LO ENVIÓ DE VUELTA AL LUGAR; Y CUANDO DIJO «ADIÓS», HIZO ECO DE «ADIÓS», DIJO.
LUEGO RECLINÓ SU CANSADA CABEZA SOBRE LA HIERBA VERDE, Y LA MUERTE SE CERRÓ
ESOS OJOS ENCANTADOS SOBRE LOS RASGOS DE SU AMO.

Se dice que ni siquiera cuando fue recibido en el Inframundo dejó de contemplarse en las aguas de la Estigia, y las Náyades, cuando vinieron a tomar el cuerpo para enviarlo a la hoguera, encontraron en su lugar una flor, amarilla en el centro y rodeada de pétalos blancos.

La interpretación más común del mito nos enseña que amarse a sí mismo más allá de toda medida conduce al aislamiento del mundo exterior, rechazando toda relación que no refleje la percepción que uno tiene de su propio ser. En esta interpretación, parece encarnar la actitud de quien, al admirarse a sí mismo «patológicamente», se ve forzado a una perpetua sensación de insatisfacción.

La muerte de Narciso, ahogado en el lago de sus deseos, es el ajuste de cuentas de la Naturaleza, que ha generado que sus criaturas se amen entre sí, continuando la especie. En cambio, dobla las leyes naturales en sí mismo, impidiendo el curso normal de la existencia.

Como sabemos, la naturaleza del joven está estrechamente relacionada con el elemento agua: es el hijo de un dios del río. El acto de reflejarse en el lago podía aludir al deseo del ego de conocer y comprender el verdadero origen de sí mismo; como si en el agua Narciso hubiera reconocido su propia identidad, pudiendo así acceder a una dimensión que le libera de la forma que le atribuyen los demás.

La muerte de Narciso no determinó su completa disolución del mundo. Por otro lado, la metáfora del espejo sugiere la posibilidad de ver en él no sólo lo que aparece, sino también lo que está más allá.

La incomunicabilidad entre el yo y el yo que el mundo le atribuye se realiza en el rechazo inicial de Narciso a reconocerse a sí mismo, amando esa figura reflejada como si perteneciera a alguien que no fuera él mismo. Este tema está fuertemente arraigado en el mito: Eco y Narciso representan precisamente la incapacidad de comunicarse, ya que la ninfa sólo puede expresarse reflejando las palabras del joven. Así que uno es el reflejo en el espejo del otro y esto parece llevar al estado de incomunicación.

El narciso en la simbología

Para los antiguos romanos, el narciso era una flor que se acercaba al más allá, difundiendo la costumbre de plantar narcisos en las tumbas de los difuntos. Los druidas, los sacerdotes de los antiguos celtas, asociaban el narciso con el símbolo de la pureza. Sin embargo, una leyenda dice que estas flores tenían el poder de absorber los pensamientos negativos y malvados de los seres humanos y por esta razón se volvieron venenosas.

En China la flor es un símbolo de buena suerte y prosperidad para el año nuevo, ya que su florecimiento corresponde al período del Año Nuevo Chino. En Gales se llama «Lirio de Cuaresma», ya que florece allí en esta época. Se acostumbra llevarlo prendido a la chaqueta el 1 de marzo, día de San David de Menevia, y se cree que su florecimiento temprano traerá un año lleno de prosperidad.