El mar en la literatura: de la Odisea a Elsa Morante

En la imaginación colectiva consideramos el mar como un símbolo de libertad, tal vez el único lugar del universo que aún no se conoce completamente. Esta vasta extensión de agua salada posee la rara habilidad de excitar a primera vista: el naranja-morado de un atardecer que se despliega sobre las olas para sellar un beso romántico, o el despertar de un amanecer de invierno, cuando el sol emerge de las olas, como una tímida sirena. ¡Qué poesía la marea! Una obra de arte constantemente al alcance de su espectador no observador. Sin embargo, se encuentra en las páginas de la literatura como un amante experimentado y silencioso, y se hace eco de muchas leyendas, llevadas por las olas hasta nuestros días.

El mar y sus rostros: retratos en la literatura
La sensación de estar fuera de los límites, el fascinante misterio de lo desconocido, ha hecho del mar uno de los topoi más recurrentes en la literatura de todos los tiempos. Un lugar del alma, en el que el escritor ha puesto sueños, esperanzas, miedos, nostalgias. En la literatura es un protagonista sin voz, que actúa permaneciendo al margen de la historia. Es lo que brota de las páginas y, al mismo tiempo, nos devuelve a ellas, arrullando nuestra imaginación con el movimiento de las olas.

En las nieblas del tiempo, se consideraba una expresión del poder divino: las tormentas y maremotos representaban la ira de los dioses, que caía sobre los mortales como castigo por sus pecados. El ejemplo más sorprendente viene de la Biblia con el mito del diluvio universal, como leemos en el libro de Génesis 7, 1-4:

1 EL SEÑOR LE DIJO A NOÉ: «ENTRA EN EL ARCA TÚ Y TODA TU FAMILIA, PORQUE TE HE VISTO JUSTO ANTE MÍ EN ESTA GENERACIÓN». 4 PORQUE DENTRO DE SIETE DÍAS HARÉ LLOVER SOBRE LA TIERRA DURANTE CUARENTA DÍAS Y CUARENTA NOCHES, Y ELIMINARÉ TODA CRIATURA QUE HAYA HECHO DE LA TIERRA.

En la literatura clásica, se considera el obstáculo que el héroe debe superar: así Ulises está destinado a naufragar a causa de la ira de Poseidón, prolongando el sentimiento de nostalgia por su familia y su patria. La inversión de los acontecimientos narrativos se confía al mar, personificación de la trampa y lo desconocido. A través de la literatura, el mar narra y es narrado, ofreciendo al lector mil facetas del universo.

En el Canto XXVI del Infierno, Dante utiliza la metáfora del naufragio como castigo para todos aquellos que se atreven a ir más allá de los límites permitidos: el conocimiento humano está delimitado por los infames Pilares de Hércules, más allá de los cuales los seres mortales sufren la ira divina, representando, en clave cristiana, el destino de los presuntos pecadores.

La advertencia de Dante se supera en la Edad Media, cuando se atribuye al mar el significado de las posibilidades: la exploración de nuevas tierras permite al hombre actualizar sus conocimientos, enfrentándose a las olas con la determinación de superar el obstáculo. Il Milione de Marco Polo es el relato de estos viajes de descubrimiento a mundos distantes, queriendo desafiar lo desconocido, con todas sus trampas y misterios.

El mar connota esos sentimientos de libertad sobre todo con los ideales románticos, estableciendo que para el espíritu humano no hay barreras: «e il naufragar m’è dolce in questo mare», escribe Leopardi, dejándose inspirar por la sensación de desconcierto ante la infinita extensión de agua y dulzura.

El lado oscuro del hombre, la tormenta interior y el desafío de la naturaleza se perciben en la obra de Melville: la caza de la ballena blanca en un mar de temores y el deseo de afirmarse lleva al inevitable destino de la muerte, en un mundo que el hombre sufre impotentemente.

El amor por el océano, por la vida aventurera y excitante que impulsa al hombre a cruzarlo y enfrentarlo, se puede sentir en las obras de Verne. En Veinte mil leguas de viaje submarino, el autor hace que sus personajes naveguen a través de encuentros con monstruos marinos y descripciones fascinantes, encontrando inspiración entre las olas.

A finales del siglo XIX, el paisaje marino es el fondo del verismo de las páginas de Verga: si por un lado sus criaturas encuentran sustento en el mar, por otro lado representa la otra cara de la existencia.

El naufragio del «Providence» en I Malavoglia, con bienes y hombres a bordo, es el símbolo de esta ambivalencia, del dualismo de la vida y la muerte, en un mundo donde no hay lugar para el idealismo romántico, pero donde el hombre está sujeto a las leyes de la naturaleza. El paralelismo entre el hombre y la infinidad del mar en una relación contrastante de odi et amo es explicitado por Baudelaire en los versos El hombre y el mar:

SIEMPRE EL MAR, HOMBRE LIBRE, TE ENCANTARÁ!
PORQUE EL MAR ES TU ESPEJO; TÚ CONTEMPLAS
EN EL INFINITO DESPLIEGUE DE LA OLA.
TU ALMA, Y UN ABISMO ES TU ESPÍRITU.
NO MENOS AMARGA.

TE ALEGRAS DE SUMERGIRTE EN EL SENO DE TU IMAGEN; LA ABRAZAS CON TUS OJOS Y BRAZOS, Y A VECES CON TU CORAZÓN
SE DISTRAE DE TU SONIDO POR EL SONIDO DE ESTE
LAMENTO SALVAJE E INDOMABLE.

DISCRETO Y OSCURO, AMBOS SON USTEDES:
HOMBRE, NADIE HA SONDEADO NUNCA LAS PROFUNDIDADES DE TUS ABISMOS; NADIE HA CONOCIDO, MAR, TUS RIQUEZAS MÁS ÍNTIMAS, TAN CELOSO ERES DE TODOS TUS SECRETOS.

PERO DURANTE INTERMINABLES SIGLOS SIN REMORDIMIENTOS NI LÁSTIMA HAS LUCHADO
ENTRE VOSOTROS, TAN GRANDE ES VUESTRO AMOR
PARA LA MATANZA Y LA MUERTE, OH ETERNOS LUCHADORES, OH HERMANOS IMPLACABLES!

La relación de similitud entre el hombre y el mar expresada en las tres primeras estrofas conduce a una condición de antagonismo, manteniendo al mismo tiempo ese vínculo «íntimo», marcado ahora por los efectos negativos evocados por la muerte. Muchos poetas han confiado al mar los sentimientos de sus almas; desde Saba, que en Ulises vincula su existencia al mar desde la infancia, hasta Quasimodo, que sufre por un amor ya desaparecido, evocado por el eco del mar asociado a la voz del recuerdo en S’ode ancora il mare, hasta la dimensión mítica y genuina de la isla de Procida, ofrecida por Morante en su novela L’isola di Arturo.

El mar es todo lo que percibimos en la existencia: vida, muerte, soledad, nostalgia, amor, sufrimiento. Es el amigo al que le confiamos palabras que nunca diríamos.